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Fundación Europea de Medicinas ALternativas

La curación por las plantas: una larga historia 

Tablilla de KramerEra una lluviosa mañana de la primavera del 1952 cuando .el doctor Levey tomó la decisión de visitar al arqueólogo Kramer para preguntarle si, por casualidad, tenía alguna tablilla con escritura cuneiforme que él pudiera descifrar.

Kramer no tuvo inconveniente en entregarle una serie de tablillas sumerias, todavía vírgenes, a cuyo esclarecimiento Levey se entregó durante dos semanas. El resultado no pudo ser más gratificante. Las rústicas tablillas de arcilla, a partir de ese momento, descubrieron el manual de medicina más antiguo conocido.

Curiosamente, en el mismo no se mencionaban para nada a los dioses, demonios, magia ni cualquier otro vínculo sobrenatural, como venía sucediendo en las prácticas médicas de las antiguas civilizaciones.

Formulaciones de las más variadas plantas, con sus instrucciones de preparación, se repetían a lo largo de su lectura. Un ejemplo puede ser:

«Aplástense hasta convertirse en polvo las semillas de la hierba gatera, la resina gomosa del markasi y del tomillo; disuélvanse en la cerveza y désele a beber al hombre.»

Entre las plantas utilizadas por la medicina sumeria se encontraban la casia, mirra, asafétida, tomillo, partes del sauce, pino, semillas, hojas y raíces de la palmera datilera. Los extractos del jugo de la planta los obtenían por prensado y filtración.

Antes del descubrimiento de los textos sumerios, lo más antiguo de medicina que conocíamos eran los papiros egipcios, especialmente el llamado «papiro de Ebers», escrito durante la XVIII de Tebas (1550 a.C.), y que contiene numerosas preparaciones medicamentosas a base de vegetales.

Homero, en sus obras, alaba la fabulosa riqueza de las plantas de Egipto. En uno de sus relatos cuenta cómo Helena vierte en un tazón un jugo estimulante que da a beber a Telémaco, quien está entristecido por los recuerdos de su padre. Describe la droga de forma que hace fácil identificarla con el jugo de la adormidera, planta de la que se obtiene el opio.

El «sedimento de cerveza», o lodo de cerveza, lo emplean los médicos egipcios para numerosas enfermedades, y lo hacían generalmente como vehículo de las plantas pulverizadas que debían ser tomadas. Este «sedimento egipcio» no tardaría, con el transcurso de los siglos, en ser utilizado como «levadura de cerveza» por infinidad de pueblos en el tratamiento de los trastornos digestivos y como depurativo de lagas y forúnculos.

El empleo del incienso tenía una importante razón higiénica, ya que al prenderlo su combustión liberaba «fenol», un eficaz germicida que preservaba los hogares de los malos olores y protegía de las infecciones.

Quizá alguno de los lectores se asombre si les digo que en Egipto era una práctica común el uso de anticonceptivos. Sin embargo, nada más cierto. Una fórmula que gozaba de fama de infalibre era:

«Coge espigas de acacia secas, pulverízalas y su polvo mézclalo con pulpa de dátiles y miel. Impregna un pedazo de algodón e insértalo en lo más profundo de la vagina.»

Esta especie de confitura anticonceptiva, aparentemente inocua, tenía su razón de ser, ya que las espigas de acacia contienen una goma que al disolverse forma el ácido láctico. Casualmente muchas de las preparaciones anticonceptivas de hoy contienen ácido láctico.

 

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