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Fundación Europea de Medicinas ALternativas

Medicinas clásicas: Segundo y tercer milenio antes de Cristo  

Corta es, en realidad, la historia médica de la antigua India, y me atrevería asegurar que está aún por descubrir, ya que empezamos a tener unos conocimientos más o menos reales a partir del descubrimiento de las ciudades de Mohenjo, Daro y Harapa, descubiertas y excavadas en la primera mitad de nuestro siglo.

Imagen de Charaka Samhita
Este documento, conocido por Charaka Samhita, es el primer testimonio escrito sobre medicina india. El facsímil que se reproduce es parte de una copia depositada en la Biblioteca Oficial India de Londres.

El único «libro», que perduró, e hizo posible indagar en su cultura, fue el «ATHARVAVEDA». En él se encuentran las primeras referencias escritas sobre las prácticas médicas imperantes, con gran profusión de plantas medicinales. Por desgracia, la mayoría de las hierbas descritas son para nosotros irreconocibles. Recetas como la que sigue, mezcla de solicitud religiosa y aplicación de una o varias plantas, son comunes:

«Tú, que has nacido en las montañas, como las plantas más curativas, baja, oh Kushta, y destruye a Takman, arroja a Takman de aquí. Dolores de cabeza, inflamación de ojos, dolores del cuerpo, todo lo cura la planta Kushta.»

Con la invasión de la India por los arios, éstos hacen suya la muy avanzada medicina india. Debemos tener en cuenta que en aquella época ya se hacían prótesis. «Hombres expertos fabricaban ojos y piernas artificiales.» También dominaban el uso de cánulas para las retenciones de orina, etc..

La ciudad de Taxila, antes de la conquista de Alejandro, era el centro intelectual de la India, llegando la enseñanza del «ARTE DE LA VIDA» (medicina) a un nivel que sólo los griegos pudieron alcanzar.

La época de los maestros

Imgen de HipócratesEs posible que Grecia hubiera corrido la misma suerte que otras culturas, en su momento no menos poderosas, si no hubiera sido por el período de expansión que se inicia con el advenimiento y las conquistas de Alejandro Magno y finaliza en la batalla de Actium (30 a. de C.).

Durante este tiempo se ofrece a los griegos un mundo dispuesto a adoptar un espíritu griego, un sentir griego y, cómo no, a curarse con una medicina griega. El árbol de la cultura griega extendió sus numerosas ramas por todas partes. Y la influencia de su cultura, de su arte y de su medicina cala en lo más hondo del sentir de los hombres. Años más tarde la cultura romana reconocería esta influencia «GRAECIA CAPTA CEPIT VICTOREM» («La Grecia conquistada conquistó al vencedor»).

Contemporáneo de Hipócrates fue un herborista famoso, Crateavas, autor de un interesante manual en el que se detallaban cuatrocientas plantas con sus aplicaciones, y del que no pocos autores aseguran que Dioscórides «plagió» su famosa obra. Desgraciadamente este extremo es imposible de comprobar ya que no existe ningún ejemplar de la obra. De este herorista griefo, del que Hipócrates escribió: «Crateavas se graneó en su tiempo la más alta reputación por el gran conocimiento que tenía de las plantas.»

Otro herboterapeuta importante fue Aristóteles, cuyas obras nos han llegado tan alteradas y deterioradas que hacen casi imposible su traducción.

En la escuela de Alejandría se estudiaban las aplicaciones de las múltiples drogas vegetales. Sin embargo, al leer el libro «Theriaca», del que es autor Nicandro de Colophon y que fue utilizado como «libro de consulta», apenas encontramos nada que no fuera anteriormente escrito por Neofrasto.

Resulta interesante hacer un breve comentario sobre los últimos ascleiones, sedes de dos importantes escuelas médicas: la de CNIDO y la de COO Ambas por sus estudios, por sus obras y, posiblemente, por su competencia y declarada rivalidad, fueron motivo de un importante avance de las ciencias médicas.

Con la llegada del Imperio Romano surgen una serie de geniales médicos, entre los que sobresalen Celso, Andrómaco, Escribonio, Plinio y el más conocido entre los estudiosos de las plantas medicinales: Dioscórides.

Por cierto, Plinio escribió una historia sobre los habitantes de la península Ibérica, de la que por su originalidad y rareza me voy a pertir reseñar algunos párrafos:

«Aquellos que habitan cerca del río Duero viven muy frugalmente, se dan , fricciones con ungüentos dos veces al día, se lavan y bañan con agua fresca y sólo hacen diariamente una comida muy parca y frugal; examinan las venas de los costados, toman el pulso y predicen lo futuro por los cadáveres. Los habitantes de la montaña lo pasan medianamente; beben sólo agua, duermen en tierra, hacen acopio de bellotas dos veces al año, las cuales secan y muelen para harina, que conservan. Usan de manteca en lugar de aceite. Los que habitan en los pueblos duermen en camas de hierbas, ponen los enfermos en las cales, según costumbre de los fenicios, para que los transeúntes los examinen, etc.. Usaban también del veneno, que preparaban con una hierba y muy, parecida al apio, la cual quitaba la vida sin dolor.»

Hipócrates, «padre de la Medicina» y símbolo de la Medicina griega, nació 460 años antes de Cristo.

 

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